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EL FIQH RESPECTO A LOS QUE INSULTAN AL MENSAJERO DE ALLAH, A QUIEN ALLAH BENDIGA Y CONCEDA PAZ por Shaykh Dr. Abdalqadir As-Sufi

“Los que ofenden a Allah y a Su Mensajero, Allah los maldecirá en esta vida y en la Otra. Ha preparado para ellos un castigo infame”.
Como veremos a continuación, en el Fiqh no hay opiniones, variaciones o excepciones. En el Din del Islam, la cuestión es clara y meridiana, esto es, en el Fiqh claro y activo que ha sido definido por nuestros cuatro Imams, Imam Abu Hanifa, Imam Malik, Imam Shafi’ e Imam Ahmad, que Allah esté compacido con todos ellos. Fuera de la fortaleza unificada y poderosa que es la Shari’at Islámica existe por supuesto –en cuestiones que deberían ser definitivas y sin apelación alguna– esa disminución, descenso y anhelo por desmantelar el Din que es la marca de los kafirun. En esta última categoría podemos encontrar a esa otra religión, el shi’ismo, que a pesar de vestir el manto del Islam maldice a los Califas y niega a su gente. Y también los modernistas que, bajo el manto del Islam, anhelan en secreto suscribir el contrato del escepticismo occidental; su distintivo en este caso, es el desprecio absoluto de la Ley del Zakat recaudado a la fuerza, la moneda Islámica y la aceptación de los Imams.
En el centro de la cuestión que nos ocupa, está el fracaso significativo de los kafirun a la hora de reconocer cuál es el quid de la cuestión. Esta incapacidad es lo que hace que, por un lado, carezca de significado la trivialidad de su respuesta y, por el otro, su malévola hostilidad hacia nosotros. El fondo del asunto es que nosotros, los musulmanes, amamos al Mensajero de Allah, a quien Allah bendiga y conceda paz. Para nosotros es una cuestión que está basada en el amor. Millones de musulmanes cantan el famoso poema del Al-Busari “Al-Burda” que contiene una lluvia incesante de bendiciones sobre el Profeta, a quien Allah bendiga y conceda paz, y que llena de lágrimas los ojos de los muminun. De la misma manera, millones de musulmanes recitan el Dala’il al-Jayrat del Shayj Yazuli. Y existen miles de obras similares que han sido escritas a lo largo de los siglos por nuestra comunidad musulmana y que expresan nuestro amor y gratitud por su existencia, que Allah le bendiga y le conceda paz
Fijémonos de nuevo en la Surat al-Ahzab. La aleya que precede a la que sirve de base para el juicio legal que nos concierne, es la aleya que designa a la comunidad más elevada, superior y más excelsa: la de aquellos que aman al Mensajero de Allah, a quien Allah bendiga y conceda paz. Vemos cómo Allah distingue a los musulmanes colocándolos por encima y en contraposición a las hordas paganas de las gentes ignorantes que insultan al Mensajero. Significativamente, la aleya siguiente, indica que los que insultan al Mensajero no sólo cometen una falta imperdonable sino que al mismo tiempo deshonran injustamente a los muminun.

“Es verdad que Allah y Sus ángeles hacen oración por el Profeta. ¡Vosotros que creéis! Haced oración por él y saludadlo con un saludo de paz.
Los que ofenden a Allah y a Su Mensajero, Allah los maldecirá en esta vida y en la Otra. Ha preparado para ellos un castigo infame.
Y los que ofenden a los creyentes y a las creyentes sin que lo que dicen sea cierto, Habrán cargado con una calumnia y un delito indudable”
Muchos de los agravios que han sido resultado del reciente incidente, proceden en realidad de unos medios de comunicación que pertenecen y son manejados por personas que suscriben una oposición militante, y de hecho militar, contra los pueblos musulmanes. El hombre que volvió a poner el asunto en el candelero al publicar las caricaturas en el “France Soir” fue un tal Armand Levey. La conocida y más que parcial cadena de televisión, BBC, envió a toda prisa a uno de sus empleados a la Mezquita Central de Londres. El periodista era un judío que deliberadamente eligió de entre la multitud que allí rezaba, al personaje más desgreñado e incoherente para así ratificar el perfil que se les ordena muestren ante el mundo. En la oración del Yumu’a, el periodista bien podía haberse mezclado con centenares de musulmanes de elevada cultura y refinada educación, pudiendo haber elegido a académicos, abogados u hombres de negocios que ilustrarían con otra cara la cuestión. No obstante, lo que el mundo ha podido ver, es que la Comunidad Musulmana Mundial, que ha tolerado el aluvión cotidiano de insultos por parte de los medios de comunicación, los gobiernos y los militares, esta misma comunidad que ha demostrado el ejercicio de su sagrada tolerancia hasta las mismísimas narices, no está dispuesta a tolerar un ataque contra nuestro amado Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz. Es posible que, en esta ocasión, descubran que son ELLOS los que tienen que practicar la tolerancia. Una tolerancia que reconoce la existencia de una enorme comunidad de hombres, mujeres y niños que no adoran lo que ellos adoran y que nunca adorarán lo que ellos adoran; y esto forma parte de la realidad de la existencia, y cuanto antes lo asuman, mejor para ellos.
De cualquier manera que deseemos configurar e interpretar la furia y la indignación de los miles de musulmanes del mundo entero, hay otro espectáculo que los kuffar deben confrontar: la miserable bancarrota espiritual y emocional del pueblo danés y lo que también es cierto, la de los asombrados y abatidos moradores de esa fortaleza que es la Unión Europea. Desde un punto de vista humano, desde un punto de vista psiquiátrico, el espectáculo de los burgueses daneses, –que viven en una realidad absolutamente subvencionada– sujetando sus estúpidas velas, demuestra claramente que son incapaces de entender que viviendo entre ellos hay personas para las cuales las realidades invisibles son superiores, más importantes y de hecho, son cuestión de vida o muerte. El pueblo danés se ha alejado mucho del escritor cristiano Kierkegaard. Ya no tienen miedo ni tiemblan ante el Señor Divino del Universo; sólo tiemblan y tienen miedo de su insulsa e impersonal existencia basada en el bienestar material, proveedores de alcohol para el mundo entero, especialmente para sus propios hijos.
En este asunto existe también una dimensión de la que debemos hacernos responsables. A pesar de que un análisis exhaustivo de sus causas es algo que nos compete a todos, está fuera del ámbito de este hukm. No obstante, estamos obligados a indicarlo a fin de poder obtener una visión clara del asunto que nos ocupa. Esta dimensión consiste en que los musulmanes somos una comunidad con una Ley, y que sólo podemos vivir bajo la autoridad de un Emir que, en nombre de su gente, defiende esa Ley. La asuencia de un Emir es lo que impide que, hablando con propiedad, la cuestión pueda abordarse de forma legal. Esto no significa sin embargo, que ante la ausencia de un Emir la cuestión desaparece. Lo que significa es que debe ser estudiada en relación a esta ausencia primordial de una autoridad que está al mando. Para comprenderlo mejor podemos fijarnos en dos ejemplos. Uno de ellos es la respuesta de un líder musulmán débil. El otro es la respuesta de un líder no-musulmán, un shi’a.
Hace unos años estuve en Abu Dhabi. Años antes había auspiciado la celebración de una Conferencia sobre el Fiqh Maliki en Granada, España. El, en aquel entonces, Qadi Supremo de los Emiratos Árabes Unidos, Shaykh Al-Mubarak, un reconocido erudito maliki, se ofreció a servir de anfitrión para una segunda Conferencia que tendría lugar al año siguiente en Abu Dhabi. En la Ceremonia de Apertura y ante un impresionante despliegue de eruditos expertos en el ‘Amal de la Ahl al-Madinah, el entonces Presidente de los Emiratos Árabes Unidos, Shayj Zayed, pronunció un discurso de bienvenida. En el mismo anunciaba públicamente su intención de gobernar los emiratos conforme a la Shari’at del Islam.
Durante mi estancia en los Emiratos, el periódico en lengua inglesa del país, publicó un artículo firmado por un médico indio en el que se insultaba claramente al Mensajero de Allah, a quien Allah bendiga y conceda paz, e incluso al mismo Corán. Indignado, llevé el periódico a Shayj Al-Mubarak. Su respuesta fue inmediata. Ordenó que se tradujera el texto al árabe. Cuando recibió la traducción confirmó que debía actuarse legalmente. El hombre fue detenido y acusado de haber insultado al Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, y al Corán. El hombre era un musulmán modernista, pero lo más destacable es que la indignación procedía de la comunidad hindú que vivía felizmente en los Emiratos. El tribunal lo declaró culpable, pero aplazó la ejecución de la sentencia. El gobierno indio, que se declara laico pero que en realidad hace sus actos de adoración en templos con monos, elefantes y un hombrecillo azul, intervino en nombre de la famosa “Tolerancia”. El resultado fue que el despreciable médico fue despachado a la India antes de poder ejecutar la sentencia. El hecho de haber perdido un trabajo lucrativo, un buen salario y una casa maravillosa no significó para los musulmanes un final satisfactorio del asunto.
Todo ello había sido el resultado directo de la debilidad mostrada por un gobernante árabe; y sin embargo ya se sabía que no podría defender el honor del Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, puesto que había asumido el poder aceptando que los pagos del petróleo de Abu Dhabi se harían en papel moneda. Lo curioso es que su padre había sido asesinado por insistir en que tenía que pagarse con lingotes de oro
El otro ejemplo es el caso ya olvidado del novelista indio shi’a. En aquella época, la postura del gobierno iraní era: “Todos somos musulmanes unidos”. Es posible que a fin de mostrarse, de alguna manera, como el Defensor de la Fe, el Imam Jomeini emitió un Fatwa que exigía la ejecución del despreciable autor. El resultado es de sobra conocido. Lo que ocurrió en realidad, es que estableció un cordón de seguridad en torno al criminal que, costando millones de dólares, no sólo garantizó su integridad física sino también su encumbramiento como icono entre los ateos. Como si esto no fuera suficientemente desastroso, un gobierno iraní posterior anuló el Fatwa. Luego, una vez más, se anunció que sí, que seguía operativo, pero que no debía ejecutarse.
Lo que esto pone en evidencia, es que la acción del Emir Shi’a, privada de la aplicación del Fiqh Islámico, no consiguió lo que había declarado ser su intención primordial.
El Shayj de los Ijwan al-Muslimun, Al-Qardawi, ha hecho un llamamiento a lo que describe como “Día Internacional del Enfado”, algo que ni siquiera es digno de desprecio.
Siguiendo su vergonzosa postura tradicional, el Presidente de Palestina apareció en la televisión para condenar el insulto, pero inmediatamente pidió a su pueblo que no cometiera actos de violencia. Dicho con otras palabras: está permitido que los palestinos maten a mujeres y niños israelitas y que envíen a sus hijos a suicidarse para recuperar una tierra que les ha sido robada, pero en lo que respecta a la defensa obligada del Mensajero de Allah, a quien Allah bendiga y conceda paz, no debían levantar un sólo dedo.
Lo que podemos ver en este asunto es que la falta de un liderezgo musulmán, unido a la existencia de un falso liderazgo que pretendiendo ser musulmán no lo es, nos ha situado a todos en una posición muy vulnerable. Pero en lo que respecta al Fiqh sobre este tema no hay duda. No existe la menor duda al respecto.
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